DÍA MUNDIAL DE LAS AVES MIGRATORIAS
Cada 11 de mayo se celebra el Día Mundial de las Aves Migratorias, una jornada que busca sensibilizar sobre la importancia de proteger a estas especies que cruzan continentes, mares y desiertos en busca de alimento, reproducción y hábitats seguros. Su viaje es uno de los fenómenos naturales más asombrosos del planeta, pero también uno de los más frágiles frente a las amenazas impuestas por las actividades humanas.
En 2024, el lema del Día Mundial de las Aves Migratorias fue «Agua: sostenibilidad para las aves y las personas», recordándonos que el agua no solo es vital para la vida humana, sino también para las rutas migratorias. Según la Convención sobre Especies Migratorias (CMS), cerca del 40% de las aves migratorias están en declive global, muchas de ellas debido a la degradación de humedales y fuentes de agua.
En 2025, el lema evoluciona hacia una mirada más integral: “Espacios compartidos: creando ciudades y comunidades amigables con las aves”. Este enfoque invita a repensar nuestros espacios urbanos y rurales como hábitats compartidos, reconociendo que la amenaza a las aves no se limita a los ecosistemas naturales, sino que también proviene del crecimiento urbano desordenado, la contaminación lumínica, sonora y la pérdida de espacios verdes. La protección de las aves migratorias exige ahora un compromiso transversal entre planificación urbana, gestión ambiental y conciencia ciudadana.
El litio como amenaza al ciclo migratorio
Las aves migratorias, entre ellas los majestuosos flamencos andinos, se enfrentan hoy a un escenario alarmante. Estos animales recorren vastos territorios de Sudamérica, incluyendo lagunas altoandinas y salares, donde descansan, se alimentan y se reproducen. Sin embargo, su hábitat está siendo afectado de forma drástica por la extracción de litio, en especial en zonas como el Salar de Uyuni, en Bolivia, una de las mayores reservas de este mineral en el mundo.
La creciente demanda de litio para la producción de baterías eléctricas, consideradas clave en la transición energética global, ha intensificado las actividades extractivas en la región. Aunque esta transición busca reducir las emisiones de carbono, sus consecuencias ambientales no deben ser ignoradas.
En ecosistemas frágiles como los salares altoandinos, la minería de litio requiere grandes cantidades de agua y altera el equilibrio salino de las lagunas donde se alimentan y reproducen los flamencos. De acuerdo con la Fundación Solón (2023), un solo proyecto de extracción de litio en Bolivia puede consumir hasta 2 millones de litros de agua por tonelada de litio producida, generando impactos directos sobre los acuíferos altoandinos.
De las tres especies de flamencos que habitan Sudamérica, flamenco andino (Phoenicoparrus andinus), flamenco de James (Phoenicoparrus jamesi) y flamenco chileno (Phoenicopterus chilensis), las dos primeras están clasificadas como especies casi amenazadas según la Lista Roja de la UICN.
Investigaciones como las realizadas en la Puna salteña y en el Salar de Atacama en Chile también muestran una disminución en la presencia y el éxito reproductivo de flamencos vinculada a la expansión de la industria litífera. Estas tendencias podrían replicarse en Bolivia si no se establecen controles eficaces.
«Ya no vemos flamencos como antes. El agua está bajando y las lagunas se están muriendo», advierte don Julián Mamani, comunario de la región del Salar de Coipasa. Este testimonio refleja el cambio ambiental y cultural que las comunidades perciben, mucho antes que cualquier informe técnico.
Urgencia de una regulación jurídica específica
Actualmente, en Bolivia y en varios países andinos, no existe un marco legal consolidado que proteja explícitamente las rutas migratorias de aves ni los ecosistemas que utilizan para su reproducción. La normativa ambiental se centra en términos generales en la biodiversidad, sin considerar los efectos acumulativos de las actividades extractivas en áreas sensibles como los salares.
Para garantizar la protección efectiva de estas aves migratorias, es necesario:
- Reconocer jurídicamente las rutas migratorias como corredores biológicos que deben preservarse.
- Establecer estudios de impacto ambiental acumulativos y transfronterizos, que consideren los efectos regionales de la industria litífera en toda la red de lagunas altoandinas.
- Crear reservas naturales especializadas, con enfoque ecosistémico y comunitario, que protejan hábitats clave como el Salar de Uyuni.
- Incorporar la dimensión ambiental en los contratos de explotación de litio, haciendo obligatoria la consulta a expertos en biodiversidad y a comunidades indígenas.
Análisis jurídico
Bolivia, como parte del Acuerdo de París, del Convenio sobre la Conservación de Especies Migratorias de Animales Silvestres (CMS) y del Convenio Ramsar, tiene compromisos internacionales para conservar la biodiversidad. Sin embargo, la falta de una normativa nacional secundaria específica y de mecanismos de fiscalización ambientales rigurosos, debilita la implementación efectiva de estos tratados.
Desde un enfoque de derecho ambiental internacional, el principio de precaución, el principio de no regresión ambiental y el principio de justicia intergeneracional deben guiar la toma de decisiones en relación con el litio y su impacto sobre especies migratorias.
Además, la consulta previa, libre e informada a los pueblos indígenas que habitan estas regiones (establecida en el Convenio 169 de la OIT) también debe incluir aspectos ecológicos, dado el vínculo cultural y espiritual de muchas comunidades con los flamencos y su entorno.
El Día Mundial de las Aves Migratorias es un llamado a actuar con responsabilidad y urgencia. El caso de los flamencos andinos en el Salar de Uyuni es una muestra clara de cómo el desarrollo mal planificado puede poner en riesgo no solo a especies emblemáticas, sino también a ecosistemas esenciales para el equilibrio del planeta.
Y ahora, en 2025, la reflexión se amplía: crear espacios humanos más amigables con las aves también es parte de la conservación, una invitación a compartir el territorio con respeto y conciencia.
Solo a través de una regulación jurídica específica, con enfoque preventivo, ecosistémico y culturalmente sensible, será posible proteger a estas viajeras incansables del cielo y garantizar que sigan surcando los Andes por generaciones.
Andrea Reynolds
BAJO MI SOMBRERO VERDE